Las cosas pasan. Podemos intentar comprenderlas. Pero suceden. Lo queramos o no, estamos indefensos. Somos como la mirada de un perro, como un suspiro.
Una nota flotando en el aire. Una canción. No hace falta comprender nada. No hace falta analizar los porqués. Solamente cuenta escuchar y sentir. Bendito el que se conmueva con una mirada. Bendito todo aquel que me conmueva, aquel que pase junto a mi y me sonría.
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