miércoles, 26 de noviembre de 2008

XVII

Vivimos despidiéndonos. Es ley de vida.

Nos despedimos de las estaciones y los años. De la lluvia, del sol y de la oscuridad.

Yo, desde que lo recuerdo, me he estado despidiendo de personas, animales y cosas. Como si desmigajara un trozo de pan por el camino. Pero ese camino sé que no tiene vuelta atrás. Aunque la despedida nos parezca pasajera... he comprendido que cualquier despedida es siempre definitiva, de una manera o de otra.

A veces parece que solo conocemos a alguien para tener de quién despedirnos luego. Y a veces me parece que la verdadera soledad es no tener de quién despedirme y entonces es cuando me asusto de mi propio reflejo e intento recordar a quién podría considerar lo suficientemente mío como para poder padecer su despedida.

"Considerar lo suficientemente mío..." Puede que esas palabras me identifiquen mejor que muchas fotos de las que prefiero casi olvidarme. Pues soy un acaparador, un ladrón de almas, de cariños.

(Escucho "April, come she will", que me llega de repente como un regalo maravilloso. Es la canción de la despedida, aunque ya no me quedan lágrimas con que acompañarla).

Bebo de los otros todo aquello que nunca aprendí. Observo sus gestos, sus abrazos y hasta les robaba sus besos para aprender a besar. Y así es como sé que he vivido de prestado para hacer la única cosa que he aprendido sin necesidad de consejos: a despedirme de la gente, de las cosas y de los animales.

Laureano, Boliche, el caballo gris, Teresa, el sillón verde, una cuerda, la bici, Ulises, el abuelo, la infancia, la nobleza, Canucha, ...

Aquí y ahora estoy enfrentándome a una nueva despedida, reciente, imprevista y dolorosa, como corresponde a cualquier despedida digna.

Cerca de donde vivo hay una duna gigante, como un edificio de varios pisos y bastante extensa. Ahora es un espacio protegido y no se puede subir a ella, pero hace años no era así y el loco de Ulises trepaba y descendía por sus pendientes arenas con una locura contagiosa. Será inevitable visitarla.

Porque es un lugar maravilloso... y porque será otra miga de pan a mis espaldas.

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