miércoles, 26 de noviembre de 2008

XV

Extiendo los brazos mientras siento el viento golpeándome el rostro. Hace frío, como si el invierno, agazapado aún en el atardecer, viniera a refugiarse en mis cabellos.

Cae la noche y todo se difumina y se confunde el mar con la nube y la playa y los bosques.

Recuerdo a una mujer nadando solitaria en una playa diminuta que nos recibió como a extraños. Recuerdo tu sonrisa dibujada en el aire, corriendo como un relámpago detrás de tus pisadas.

Si pienso en todo aquello que me quedó por contarte… Por falta de tiempo, naturalmente. Hago un paquete con ello, pero no sé dónde podría guardarlo.

En mi mente ordeno cuánto aún soy capaz de recordar, al menos lo intento, mientras echo tierra a manos llenas sobre la cama, las flores y tu mirada que brotaba tras la puerta un día cualquiera.

Curiosa manera de perdonarte.

Me siguen las horas perezosas y confieso que a veces logro evitarlas. Y no me siento feliz por ello, pero me ayuda a seguir. Porque sigo, cada mañana. Y miro el reloj que continua latiendo, es lo único que hace ruido aún.

"Feel Like Going Home".

Puedo cerrar los ojos y estoy en medio de un verano sin tiempo. Y ya no existe el maldito andén, ni la distancia existe, nadie llora porque es verano ahora y siempre y nada más que la brisa y la sal son reales.

Cierro los brazos y atrapo las sombras. Es la noche y estoy en ella como si fuera mi navío. Estoy volando.

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